Por: José Antonio Olivares
El
presente ensayo tiene como objetivo analizar la intervención del estado, desde
el punto de vista económico, considerando a Kaiser A. en su libro titulado: La miseria del intervencionismo, y el
análisis de otros autores como von Mises, Hayek, y otros, reflexionando en los
aspectos positivos y/o negativos de la intervención de los Estados en la
Economía. Al final se tocará el caso específico de Venezuela y la intervención
del Estado en la mayoría de los ámbitos que hacen vida en ese país.
En
muchos de los países de América Latina, la intervención del Estado en temas no
sólo económicos, sino políticos-sociales, son temas reflejados en los medios de
comunicación diariamente. Y es que una vez, los políticos obtienen el poder por
vías “democráticas” y/o dictatoriales y asumen el poder del Estado, la toma de
decisiones que impactan colectivamente a la sociedad no se hace esperar, sobre
todo en materia económica. Porque no sólo es gobernar y tomar decisiones en
materia fiscal y monetaria, o gerenciar bienes públicos de manera eficiente, la
intervención del Estado a veces sobre pasa esas fronteras.
Después
de la Gran Depresión del año 29 en el siglo XX, la intervención del Estado fue
mínima, no se estabilizo el mercado, no se inyectaron capitales importantes
para rescatar los bancos ni a las
empresas. Es importante recordar, que el
crash financiero surgió luego que después de la I Guerra Mundial, la burbuja
bursátil creció, los inversionistas sobre estimaron las ganancias de las
empresas, el precio de las acciones y la economía real venia recuperándose a un
ritmo más lento. Muchos pensaron que era el fin del capitalismo después de esta
crisis del 29, porque la crisis se vio reflejada en desempleo y hambre para la
población estadounidense.
Al
respecto Kaiser (2009), señala:
Si bien la mayoría de los economistas modernos hizo propia la idea de la
inestabilidad inherente al capitalismo, a diferencia de la visión marxista,
para este grupo el capitalismo no tiene por destino un colapso definitivo. La
solución al problema de los ciclos, sostienen, pasaría por la intervención
estatal. Es el Estado el llamado a asegurar la supervivencia del sistema de
libre mercado diseñando mecanismos para restarle volatilidad y reaccionando
«contracíclicamente» para atenuar los efectos de los períodos recesivos.
De
lo anterior se rescata entonces, la intervención del Estado se justificaría cuando
dentro del ciclo económico se esté presente en la etapa de recesión o depresión,
para estimular la economía con políticas monetarias y fiscales, considerando el
monopolio de impresión del papel moneda que está en manos del Estado.
Ahora
bien, la intervención del Estado en la Economía no es sólo desde el punto de
vista de su política monetaria o control del Banco Central, existen otras seudo
– formalidades, por ejemplo: la planificación central de los medios de
producción, el no respeto a la propiedad privada, el control de los medios de
comunicación a través de regulaciones y permisologías relacionadas al
contenido. Aunque lo anterior se lee entre líneas lo que se conoce como
Socialismo.
De
acuerdo a las premisas Marxistas, el Socialismo y el Comunismo, establecía en
eliminar la propiedad privada y planificar centralizadamente la producción, lo
que traería como consecuencia una mejoría intensa del modo de vida tanto físico
como espiritual de las personas hasta alcanzar una sociedad justa, equitativa y
feliz.
Mises
(1932), en su obra Socialismo, logro que se perdiera toda credibilidad o
bondad, demostrando la imposibilidad del cálculo económico en sociedades
complejas, el valor de los precios como un sistema de información y del mercado
como el lugar de intercambio de bienes y servicios, estimando el fracaso del
experimento soviético naciente en esa época.
Asimismo,
Hayek, (1943), en su obra Socialismo camino a la servidumbre, resalta que la
planificación central es el resultado de la fuerza que ejercen los caudillos,
rodeándose de un grupo de individuos dispuestos a someterse a disciplinas que
luego impondrán la comunidad. Resaltando la siguiente interrogante: ¿Cómo la
planificación central puede llegar a conocer en realidad las necesidades que
tiene una comunidad en particular?
Aquí
se puede observar una diferencia notoria entre Mises y Hayek, el primero centra
sus argumentos en contra del Socialismo basado en el respeto a la propiedad
privada y en el caculo económico como las premisas para el progreso colectivo e
individual en la sociedad; mientras que el segundo, argumentaba que el
Socialismo es inviable, porque la planificación central no respondía a dar
soluciones económicas a las necesidades colectivas e individuales, las cuales
están directamente relacionadas al conocimiento personal.
Lo
que se puede resaltar de estos dos economistas Austriacos, es que en definitiva
la intervención del Estado a largo plazo es perjudicial para sus ciudadanos,
considerando que lejos de alcanzar soluciones eficientes y efectivas, se
obtendrán resultados no esperados, fuera de los presupuestos iniciales e
ineficientes.
Caso:
Venezuela
Venezuela
no escapo de estas pruebas de ensayo y error, después de la mitad del siglo XX,
el país pasó por procesos de cambio en su sistema político, pasando de
dictaduras inestables a una democracia caracterizada por: planificación
centralizada de los procesos de producción, nacionalizaciones de sectores
estratégicos como petróleo y energía, telefonía, servicios básicos, servicios
hotelería y turismo, y el aparato productivo privado protegido por políticas
arancelarias que desmotivaban la competencia, es decir, Socialismo y
Mercantilismo juntos, aunque no de manera oficial, pero si se observa el modelo
económico de los últimos 50 años, se puede decir que en definitiva la
intervención del Estado ha estado presente de manera importante y
significativa.
El Estado creció exponencialmente y de manera desordenada, con la creación de entes gubernamentales, servicios hospitalarios, universidades, empresas estadales, entre otros; que se convirtieron en monstruos de gastos, que eran difícil de controlar. Se utilizaban artificios tales como “Capitalismo de Estado”, para argumentar que el Estado Venezolano debía de velar por los ciudadanos y la protección de su soberanía, por ello debía de garantizar Educación y Salud gratuita, garantes de la seguridad social, ser el dueño de la renta petrolera y por ende la distribución de la misma, que se hacía a su conveniencia, inclusive plasmando todo lo anterior en el marco constitucional.
Así
transcurrieron 40 años (1960 – 1999), con fluctuaciones de ingresos fiscales
que dependían de la renta petrolera, con adopción de políticas macroeconómicas
erradas en los monetario y fiscal que se desbordó en el rompimiento del pacto
social del país, llegando a niveles de irrespeto a la propiedad privada y
pérdida de valores fundamentales como el derecho a la vida (Caracazo 1989,
Golpes de Estado Militares 1992), y adicionando un ingrediente más, niveles de
corrupción significativos.
El
Estado creció tanto, que el objetivo de la mayoría de los ciudadanos era,
profesionalizarse para encontrar trabajo en las instituciones públicas para
poder desarrollar carrera profesional por 30 años, y obtener al final la
pensión y jubilación que le permitiría retirarse; dejando a un lado el
potencial desarrollo de actitudes y aptitudes innovadoras, creativas, que
permitiesen el impulso de emprendimientos particulares, para fomentar así un
sector privado sólido, estable y sostenible.
Si
bien, a finales del siglo XX, hubo intensiones de aperturas de mercado,
liberaciones de algunos sectores, privatizaciones, indicios de respeto a la
institucionalidad, esto no fue suficiente. Cabe resaltar, que el respeto a la
propiedad privada bien habida sí estuvo presente en los primeros 40 años de
democracia en el país.
Para
los siguientes 15 años (2000 – 2015), el sistema político – económico empeoró o
dicho de otra manera se ha profundizado. Los sectores que se habían logrado privatizar,
tales como: telefonía, energía eléctrica, hotelería, líneas áreas, industrias
básicas, banca, se volvieron a nacionalizar. El Socialismo se hizo público y
notorio como forma de gobierno, han reinado las expropiaciones de tierras,
cierre de medios de comunicación, control de los medios de producción, más
intervencionismo, más centralismo, militarismo, controles de precios, control
de cambio.
Para
Rangel (1983), en su discurso ante la Asociación venezolana de Ejecutivos,
menciono el caso venezolano titulándolo como: El Socialismo y el Petróleo. “Un ejemplo del buen matrimonio que
han hecho la tradición de desprecio del gobierno por los particulares, que no
son para él ciudadanos sino vasallos, y el ánimo socialista despectivo y
desconfiado de las motivaciones que hacen funcionar la libre empresa dentro de
la economía de mercado, es la forma asombrosa como persiste y se ha agravado en
nuestra sociedad la falta de estima y hasta el franco desprecio por el
protagonista de la economía libre: el empresario, y por el resorte de la
creación de riqueza —el beneficio (mientras que no sólo no hay sanción, sino ni
siquiera reprobación social significativa contra los peculadores, ni
paradójicamente parece chocar la riqueza en sí misma, con tal que no sea el
resultado de actividades productivas)”.
Y continua
Rangel, “…el beneficio de los productores aparece como un escándalo y se habla
constantemente de beneficios excesivos, sin jamás tener en cuenta que también
hay pérdidas, ni comprender que unos y otras, beneficios y pérdidas, son la
brújula de la economía de mercado”.
Al
final del camino, en Venezuela sólo ha existido la miseria del intervencionismo
del Estado con una especie de Socialismo real, que ha disminuido a la acción
humana, a sus más bajos niveles de creatividad y capacidad restauradora para
salir delante de la crisis. Hoy más que nunca se comprende la frase “La
maldición del oro negro, el Petróleo”, que tanto daño ha hecho a ese país como
sociedad.
En
definitiva, los retos que están por venir en la búsqueda del cambio para el
encarrilar al país hacia el camino de la prosperidad son altos. Allí
precisamente esta lo interesante del tema, está todo por hacer y poder sacar al
país adelante.
Conclusiones
La
intervención de los estados es la responsable de generar el ciclo de negocios y
sus devastadoras consecuencias, una afirmación que Kaiser defiende a capa y
espada, y sobre todo con especial énfasis después de la crisis financiera
mundial del año 2008, defendiendo al Capitalismo.
Los
Bancos Centrales son los causantes de los boom financieros con sus políticas de
control e intervención en el manejo de la tasas de interés, así como en el
monopolio de impresión de billetes en la economía, traduciendo en crisis
financieras, que vienen acompañadas al ciclo económico.
Los
Estados aún en regiones como América Latina, persisten en que su intervención
en la economía es vital o fundamental para poder llegar con acciones benéficas
a las masas populares, a los más desposeídos, sin entender que la fomentación
del sector privado es la salida en buena parte de los problemas económicos.
Finalmente,
la intervención del Estado a largo plazo es perjudicial para sus ciudadanos,
considerando que lejos de alcanzar soluciones eficientes y efectivas, se
obtendrán resultados no esperados, fuera de los presupuestos iniciales e
ineficientes.
Referencias Bibliográficas
Hayek,
F. (1943). El Camino a la Servidumbre. Editorial RKP.
Kaiser,
A. (2013). La miseria del intervencionismo (1929 – 2008). Unión Editorial
Ludwing
von Mises (1932). Socialismo, Análisis Económico y Sociológico. Tercera Edición
Castellana.
Rangel,
C. (1983). La crisis económica en Venezuela. Asociación venezolana de
Ejecutivos. www.elcato.org